Tiempo de membrillos

 

 

El vecino nos trajo membrillos. Estuvieron unos días en la cocina, esperándonos y perfumando.Hoy me dedico a cocinarlos, y mientras comencé pensé en este blog, en los membrillos y en Reiki.

En el blog, porque pensaba en que tenía que escribir alguna entrada (esta misma), en las nuevas formas de comunicación y en las personas que pueden llegar a leerme. Estoy pensando en nuevas formas de encontrarnos, en poner un horario y una sala de chat en este blog, para intercambiar experiencias. ¿Funcionará?

 

En los membrillos. Primero porque tengo que contestar algunos correos, traducir otros y aún no abrí los correos de hoy. Entonces comencé a cortar membrillos con un poco de culpa, por tener cosas atrasadas por hacer y de pronto ¡Eureka!, sólo por hoy no te preocupes y junto con la calma contacté el placer de hacer dulce de membrillos, de cocinar para ahora, para guardar y para compartir. Y también contacté el deseo de hacer cambios en mi vida, del que escribí en dos entradas atrás, que incluye un ritmo de vida más tranquilo, con más tiempo para las cosas cotidianas que me dan placer.

El dulce de membrillos en una de mis especialidades. El dulce “en pan”, el que se puede cortar y comer con queso. Me gusta “queso y dulce”. Nunca compro dulce de membrillo, cuando se termina el dulce hecho en casa, espero hasta el año siguiente. Y este dulce tiene una historia Reiki:

Hace unos años traté con Reiki a una mujer que conocía desde mi temprana adolescencia, ella fundó un hermoso comercio y, según mi recuerdo, comenzó con muchos muñecos de peluche. La recuerdo en su negocio, hace más o menos 30 años. Nos seguimos viendo durante los años siguientes, su comercio creció, seguí siendo su cliente. Un día recibí su llamado telefónico y comenzó a venir para recibir tratamientos de Reiki. Disfrutó de los tratamientos y sintió cambios en su salud. ¡Charlamos mucho, mucho! Le gustaba contarme historias durante los tratamientos, y las continuaba de un día al otro. Algunas veces, al terminar, nos quedábamos un rato charlando. Ahora no recuerdo cómo surgió el tema, pero un día hablamos de dulces (hablamos mucho de cocina, eso lo recuerdo bien)y llegamos al dulce de membrillo.

Ella me dijo: -Mi amiga Marta hace un dulce de membrillos en pan y le sale buenísimo. Llamala por teléfono y pedile la receta.-

Yo:-¿Por teléfono? ¿Te parece?-

La llamé a Marta por teléfono, y me pasó su receta. La probé y me salió muy bien. La adopté con agradecimiento. Esta es la receta del Dulce de Membrillo de Marta (en versión Carlos):

  • Cocinar con la menor cantidad de agua posible los membrillos, sin pelar, bien lavados y sin las semillas. Cuando están tiernos, retirarlos del fuego y hacerlos puré (si quedó mucho jugo de cocción, desecharlo o utilizarlo para hacer jalea, que es lo que hago yo, pero esa es otra historia). Debe quedar un puré espeso.
  • Luego pesar igual cantidad de azúcar que de puré de membrillos. Mezclar bien.
  • Llevar el puré azucarado al horno, en una asadera gruesa, sin llenarla más que hasta las ¾ partes.
  • Cocinar en horno mínimo hasta que tenga color ¡de dulce de membrillo! Durante la cocción yo lo revuelvo con cuchara de madera, sacando con cuidado la asadera del horno, pero sólo lo revuelvo una o dos veces en las 2 horas de cocción que me lleva en le horno de casa.
  • Colocar en recipientes humedecidos con agua, por ejemplo fuentes de vidrio y dejar reposar hasta el día siguiente, momento de desmoldarlo.

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